
Producto local
La fascinante historia de la miel de Menorca
Por Antoni Anglada
La miel de Menorca ha sido, es y continuará siendo la historia de un producto escaso y, a su vez, extraordinario.
Conocida desde el tiempo de los romanos a través de Plinio el Viejo, deseada y consumida por el Rey Sancho I de Mallorca, en el s. XIII, y exportada a las mejores tiendas de Londres durante la dominación británica de la isla en el s. XVIII, sigue siendo un producto que resume a la perfección la delicadeza y la pasión, el conocimiento del medio y el amor incondicional con los que los artesanos y apicultores locales tratan a este tesoro único que es la miel de Menorca.
Unas lluvias insuficientes y mal repartidas durante el año, la falta evidente de media montaña y su floración de verano, y unas especies de árboles poco o nada melíferas, hacen de Menorca una isla con muy baja producción de miel.
En cambio, y como suele suceder en algunas ocasiones, la magia también aparece y actúa sobre esa miel. El clima de la isla y su viento del norte, nuestra famosa “Tramuntana”, ha provocado que las plantas y las especies melíferas y poliníferas isleñas se hayan adaptado al medio, volviéndose pequeñas, torcidas y nada vistosas para sobrevivir al viento y a las inclemencias meteorológicas.
Todo ello se traduce en un aroma y un gusto extraordinarios, donde la riqueza organoléptica y sus matices más sutiles hacen que nuestra miel sea, simplemente, única e irrepetible.
Muchas veces, nos preguntan a los apicultores cómo hacemos para cuidar a las abejas, y la respuesta no es siempre sencilla. Este oficio, la apicultura, se aprende únicamente abriendo colmenas y adquiriendo experiencia. Se calcula que el tiempo necesario para entender todo el proceso es de unos 7 u 8 años, y no siempre es fácil reponerse después de descubrir colonias muertas sin causa aparente.
Lo más importante es dejar sentir su vibración en tu cuerpo, sin miedo, con la consciencia de ser su cuidador. Cada día, cuando llegamos a los colmenares, y antes de empezar siquiera a encender el ahumador, nos sentamos cerca de ellas e intentamos acompasar nuestra respiración, nuestro latir, nuestro sentir más profundo a su realidad. No debemos nunca trasladar la prisa y la desesperación a las abejas que tratamos, ya que tenemos muy claro que trabajamos con un solo organismo cuando abrimos una colmena, y que forman un único ente con el que interactuar, aunque en su interior podamos encontrar hasta 45.000 abejas en primavera.
El fruto principal de nuestra actividad es la miel. En Menorca, a parte de la miel de flores, podemos conseguir algunas monoflorales como la miel de zulla (poco conocida en otros lugares de España), la miel de lotus, la miel de brezo de invierno o la miel de romero.
En definitiva, estamos ante la gran desconocida del producto local de Menorca. Esperemos que la incorporación de apicultores jóvenes durante estos últimos años asegure una continuidad en un futuro, que contribuya a situar la miel Menorca en el lugar que se merece, en lo más alto de la exquisitez gastronómica de la isla.



