
Maó
Una ciudad que enamora
Por Santiago Tadeo Florit
El puerto natural de Maó, uno de los más grandes y espectaculares del mundo y carta de presentación de nuestra ciudad, está estratégicamente situado en el Mediterráneo. Su entorno natural privilegiado y sus más de 5 kilómetros invitan a la navegación a todo el que lo visita.
Adentrarse por la bocana del puerto, al amanecer, es espectacular. Dos fortificaciones militares lo protegen: por un lado, la Fortaleza de la Mola, construcción castrense del siglo XIX, y por otro, el Castillo de San Felipe, que fue uno de los bastiones defensivos más importantes del Mediterráneo durante la dominación española y británica. Ambos son lugares de visita obligada para entender la historia de nuestra ciudad.
Avanzamos y nos encontramos con el Lazareto, desde donde ya se vislumbran las formas de la Illa del Rey. El Lazareto fue ideado en su momento para aislar en cuarentena a tripulantes sospechosos de enfermedades contagiosas. Por su parte, la Illa del Rey fue el primer lugar donde desembarcó el rey Alfonso III al conquistar la isla en el año 1287. Las visitas guiadas a esos lugares retrotraen al pasado, y sus historias contadas no dejan indiferente.
Dejando atrás la Illa del Rey se llega a las dársenas del puerto, situadas a pie de ciudad. Desde allí se observan los muelles de pasajeros y cruceros, los de pesca y una amplia zona deportiva. Sobre los acantilados se levantan edificios emblemáticos e históricos, como el claustro del Carmen, la iglesia de Santa María o la iglesia de Sant Francesc.
Uno de los encantos gastronómicos de la ciudad está precisamente en los bares y restaurantes del puerto. Allí, en un marco incomparable, podemos deleitarnos y satisfacer nuestro paladar con platos típicos de la cocina menorquina, desde la caldereta de langosta al oliaigua y ¡cómo no! el queso Mahón-Menorca, uno de los tesoros de la isla.
Después de disfrutar de algunas de esas delicias, podemos poner rumbo a lo alto de la ciudad. Subimos por “sa costa de Ses Voltes”, que nos lleva a “Sa Plaça des Peix”, un espacio donde conviven en armonía el mercado de pescado, con excelente producto local, y una zona de ocio que engloba diversos bares y restaurantes, que ofrecen un entorno agradable y acogedor.
Desde allí podemos visitar el claustro del Carmen, a escasos metros, y recorrer el casco antiguo de la ciudad, para descubrir sus calles, visitar museos, las casas consistoriales y otros edificios históricos.
Menorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993, y desde entonces se ha constituido en uno de los principales destinos turísticos sostenibles. Su entorno natural protegido nos permite bañarnos en calas vírgenes como la playa de “Sa Mesquida”, a pocos kilómetros de la ciudad. O recorrer alguna etapa del “Camí de Cavalls” que discurre en nuestro municipio.
Al atardecer, una opción muy recomendable es conocer una parte de la Menorca Talayótica, declarada patrimonio mundial por la UNESCO en 2023, pudiendo visitar algún yacimiento arqueológico como el poblado de Trepucó.
Maó, una ciudad que enamora.
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