Serena tranquilidad · fotografía de Bià Pons

Ferreries

Serena tranquilidad

Por Carlos Mascaró

← Pueblos y ciudades

Mi pueblo es Ferreries. Sí, “ese situado entre Ciudadela y Mahón” y que pasa desapercibido porque no tiene la majestuosidad del primero ni el señorío del segundo. Visto desde la carretera es anodino, pero si entras en él verás que guarda un secreto: el casco antiguo.

Tiene su epicentro en unas pocas calles centenarias cuya ruta a seguir es muy concreta. Yo les guiaré. Iniciaremos el paseo por la calle “Es Carrer Fred” (calle fría), llamada así porque por ella entra el viento del norte. A media calle y a mano derecha, una corta pero empinada cuestecilla, el “Carrer de sa Creu” (de la cruz), nos lleva hasta “Es Carrer de Dalt” (de arriba), la cual, en su sinuoso recorrido desemboca en la plaza “Pla de s’Església”, donde descubriremos la iglesia en honor del patrón del pueblo, San Bartolomé, un templo del siglo XVIII, neoclásico, discreto y elegante en su austeridad. Esta plaza me inspiró, pictóricamente, la imagen que acompaña este texto.

Siguiendo el recorrido nos adentraremos en la calle de “Sant Bartomeu”, que termina en una plazoleta denominada “Ses Fonts d’enfora” (las fuentes lejanas), un antiguo aljibe que antaño proveía de agua fresca a buena parte de la población.

Estas callejuelas son pura Menorca antigua y preservan su identidad, propia de tiempos pretéritos, donde descubriremos -y viviremos- una Menorca íntima que es mucho más que sol y playa, ya que la serena tranquilidad que nos impregnará hará que hasta los latidos de nuestro corazón se pausen y acompasen al ritmo lento del plácido entorno. En nuestro paseo saborearemos el ambiente amable y familiar de sosiego y quietud donde, seguramente, encontraremos más de una puerta o ventana entreabierta por donde vislumbrar un pedacito de un interior limpio e impoluto de suelo pavimentado con nuestras características baldosas rojas, tal como me gusta pintarlas en mis cuadros de interiores.

Permítanme, ahora, una advertencia final: si nuestro paseo es en verano, y a última hora de la tarde, tendremos que ir sorteando los grupitos de vecinos que, sentados al frescor del atardecer frente a sus casas, se ponen al día de las últimas novedades del pueblo. Pero, aun así, enfrascados en su tertulia callejera, no duden que nos van a saludar cálidamente; y es que son de Ferreries, o sea, buena gente.

© Ajuntament de Ferreries

Y ahora permítanme otra recomendación: el castillo de Santa Águeda.

A solo 8 Km. del pueblo encontramos el Castillo de Santa Águeda, la fortaleza levantada por los árabes sobre una montaña y, según algunas fuentes, construida sobre antiguas ruinas romanas. Para salvar sus 264 metros de altitud debemos hacerlo subiendo, obligatoriamente a pie, una ancestral calzada de 1’5 Km. muy bien conservada que supondrá media hora de nuestro tiempo, pero el esfuerzo al alcanzar la cima se verá, créanme, recompensado por la contemplación del majestuoso paisaje que se desplegará a nuestros pies.

Allá por el año 1232 existían ya, con el nombre de “Sent Agaiz”, el castillo y su residencia palaciega. Reconquistada Menorca en 1287 por los cristianos, para conmemorar tal efemérides edificaron, en el interior del castillo, una capilla en honor de Santa Águeda, cuyas ruinas aún podemos admirar.

De aquellos tiempos lejanos en que la orgullosa alcazaba árabe coronaba la cima de la montaña, aunque del castillo queda poco, aún hoy se puede apreciar lo impresionante que debía ser. El portón de la entrada está casi intacto y quedan, excelentemente conservados, restos de las murallas que, al pasear por el interior del recinto, sumidos en el silencio respetuoso que debemos a la historia del lugar, su mágico poder de evocación nos transportará en el tiempo y nos hará sentir y ser parte de la historia de nuestra pequeña isla.

Hagan caso de mis dos recomendaciones; me lo agradecerán.

© Ajuntament de Ferreries

Galería · 8 fotos

Fiestas

Sant Bartomeu · 23–25 agosto

Reportaje

Un pueblo mágico para vivirlo todo el año →