Un pueblo que palpita · fotografía de Bià Pons

Es Mercadal

Un pueblo que palpita

Por Llucia Palliser Santana

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Es Mercadal es un pueblo-latido, insuflador de vida: un pueblo amable. Esta afirmación, que pudiera parecer osada, es el resultado de casi veinte años de compartir y experimentar vivencias junto a mercadalenses; de observar discreta su avenir pausado; de escuchar el acento menorquín tan propio o sus dichos populares. Y es por todo esto que el pulso se expande cuando pienso que desde S’Estància a Ses Costes, de Llinàritx a Monte Toro, de Sant Joan dels Horts a Biniaumaia, del Camí den Kane al camino de Tramuntana, de Tirant Nou a Sa Nitja tan solo algo se hace presente y palpita con fuerza: la huella de un pueblo querido.

Con la certeza de que un lugar es tal según las gentes que lo habitan, les aseguro que diferentes pueblos dejaron su impronta en las costumbres, la economía y la sociedad de Es Mercadal. Sin embargo, es en el año 1.301 cuando el rey Jaume II de Mallorca decreta que en la villa se celebre un mercado cada jueves —coincidiendo con el Mercado de Verano que cada jueves tiene lugar en el centro des Mercadal.

En cualquier caso, es el rastro histórico de expansión y efervescencia que deja el siglo XVIII el que permite que Es Mercadal asuma su propia fisonomía. A este periodo pertenece el actual edificio de la iglesia humildemente distinguida de Sant Martí, patrón de Es Mercadal, que fue construida sobre la antigua, dedicada a San Narciso. También el aljibe, simbólico y revelador, erigido por orden del gobernador británico Richard Kane y que resulta en un gran depósito de agua de veinte por cuarenta metros y nueve de alzada que servía para abastecer a las tropas de agua y del cual aún hoy habitantes y visitantes pueden proveerse del líquido elemento.

© Bià Pons

No obstante, la ocasión está servida: quien quiera conocer de primera mano algunos detalles más auténticos de la villa puede formar parte de las visitas guiadas que organiza de forma gratuita el Ayuntamiento. Se trata de ahondar en algunos de los oficios de antaño, como ahora el del herrero (Herrería d’en Carretero); el del molinero (Molino d’en Biel) o cómo los antiguos cuarteles hoy en día se han reconvertido en Centro Artesanal, Rincón de la Radio Antigua y Sala de Exposiciones.

Es Mercadal es también presente y presencia, especialmente durante la temporada turística. Un paseo por la calle Nueva y aledaños puede resultar muy placentero: unos carquiñoles, un helado o el disfrute de una comida con esencia isleña en cualquiera de los diversos locales de restauración; unas abarcas, un abanico o el secreto deleite de entrar y salir de los comercios que añaden encanto a algunos rincones.

En este punto, el que el lector de estas líneas evidencia un cambio en su pulso, una ligera palpitación blanca, casi efímera. Debe ser la pulsión de alguna glosa, el aroma de un pedazo de queso, el tacto del marès, una necesidad indiscreta por respirar Es Mercadal: entonces, y sólo entonces, percatarse de que es pueblo-latido, pueblo amable.

© Espe Mercadal

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